lunes, 14 de mayo de 2018

Levrero


Aquello que hay en mí, que no soy yo, y que busco. 

Aquello que hay en mí, y que a veces pienso que 

también soy yo, y no encuentro.

 Aquello que aparece porque sí, brilla un instante y luego 

          se va por años 

          y años. 

Aquello que yo también olvido 

Aquello 

próximo al amor, que no es exactamente amor; 

que podría confundirse con la libertad 

con la verdad 

con la absoluta identidad del ser 

—y que no puede, sin embargo, ser contenido en palabras

pensado en conceptos 

no puede ser siquiera recordado como es.

Es lo que es, y no es mío, y a veces está en mí 

(muy pocas veces); y cuando está, 

se acuerda de sí mismo 

lo recuerdo y lo pienso y lo conozco. 

Es inútil buscarlo; cuanto más se le busca

más remoto parece, más se esconde. 

Es preciso olvidarlo por completo 

llegar casi al suicidio 

(porque sin ello la vida no vale) 

(porque los que no conocieron aquello, creen que la vida no vale) 

(por eso el mundo rechina cuando gira) 

Este es mi mal, y mi razón de ser.


Mario Levrero. Prólogo de El discurso vacío.

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