Me niego a matar este blog. También a escribir este post en portugués. No sé para qué la manía de tener un registro cronológico de uno mismo, pero esa manía siempre me acompañó y este blog, muy en el fondo, se convirtió en eso. Me gusta así, se vuelve más verdadero. Deja de disfrazarse de institucional, se muestra más personal, como siempre fue.

Varias cosas cambiaron estos meses. El ciclo de cine, los martes, fue un fracaso. No lo hice acontecer como muchas otras cosas que me propongo y nunca cumplo. La inconstancia de los aries. Me encanta el anestésico astrológico. Total, no hubo cine y no sé si habrá. Mi vida se trasladó a la sede del orfanato, en la floresta atlántica. Me gusta entrar en el tiempo, un día me desperté y oí mi corazón por media hora. Sólo eso, un privilegio en estos tiempos.

El trabajo ahora es con el refuerzo escolar de los niños. Llegaron varios nuevos, otros se fueron. Igor, que tiene 15 años y no sabe leer ni escribir, está siendo un rompecabezas de 2 billones de piezas. Tiene un alma bonita.
La lectura está entrando poco a poco y ha sido muy bacano. Finalmente logré el propósito de compartir eso con ellos. Cleiton está secretamente fascinado con El principito. Cleiton quiere ser del BOPE. Nunca ha visto Tropa de Elite: esta casa necesita decidir para qué quiere educar a los niños. Para qué. Es una decisión que no está tomada. A veces los veo como dulces animales silvestres, tocados por la gracia de Dios, que un día serán devorados por un lobo citadino gracias a la inercia de los "adultos responsables". Mi comprensión de las cosas es extremadamente lenta. Y los días pasan entre tareas absurdas que el colegio les deja, berrinches y momentos de verdadera satisfacción. También entre viajes en bicicleta para conversar con los colegios: barro, huecos, excusas, mutua mediocridad y los encantos de la naturaleza. La belleza de este lugar es infinita.


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