Desespero
La semana pasada
intentaron convertirme a dos religiones: evangélica y Herbalife. En realidad no
fue a Herbalife (aunque a esa ya me intentaron convertir) sino a una mejor. Las
razones me las explicaron pero mi cerebro puso la voz de la persona en mute en
el momento en que lo hacía. Es curioso que la estrategia de ambos negocios sea
acechar personas "en situación de desespero". Porque eso es lo que
los reclutadores filtran. En un principio pensé que yo debía estar haciendo
algo muy mal para que estas personas se sintieran en la libertad de explicarme
por qué sus negocios/religiones me llevarían a la salvación. Para comenzar, eso
supone que para ellos es evidente que para mí es evidente que necesito ser
salvada de mi propia vida. La evangélica, con ojos desorbitados, me hablaba del
derecho de propiedad que debo ejercer sobre mi novio. Esa fue la parte más
interesante de su discurso, pero por obvias razones no quise ahondar. El
vendedor me habló de las ventajas de poder trabajar donde quisiera. Mi
correo está inundado de mensajes del vendedor, donde combina jerga motivacional
y persuasión comercial. El asunto es que no es que yo esté haciendo algo mal, o
no solamente. Lo que hay detrás es más interesante que un aura de permisividad
y debilidad inherente a mi carácter. Es la industria del desespero. Un elemento
constituyente de la forma de vida de estas personas es la obligación que tienen
de atraer adeptos. Él, para ganar más plata (y de paso hacer El Bien). Ella,
para alimentar su convicción de estar en posesión de La Verdad y de estar
haciendo El Bien (y de paso dejarle más plata a la Iglesia). No es mi desespero
el que se evidencia, es el desespero de ellos. Para poder dar continuidad al
negocio, es necesario reclutar desesperados, porque solo los desesperados
tienen la capacidad de acechar, de hacer lo que sea necesario para convencer
a otros desesperados sobre la verdadera salida del desespero.

Hoy le escribí al vendedor diciéndole formalmente que no quiero ser vendedora. Me agradeció mucho.
ResponderEliminarEl esposo de la evangélica me dijo que iban a pasar cosas muy buenas.