Sueños
"Al inicio de
este libro el Dr. C. G. Jung presentó al lector el concepto de inconsciente,
sus estructuras individuales y colectivas, y el lenguaje simbólico por el cual
se expresa. Una vez comprendida la importancia vital (esto es, su impacto
benéfico o destructivo) de los símbolos producidos por el inconsciente, resta
todavía el difícil problema de su interpretación. El Dr. Jung mostró que todo
depende de que haya un "estallido", o clic necesario para la correcta
interpretación particular en relación al individuo en cuestión. Y es dentro de
esta perspectiva que indicó el posible significado y función del sueño.
Pero en el desarrollo de la teoría de Jung surge otra cuestión: ¿cuál es el propósito de la vida onírica del individuo en su totalidad? ¿Qué papel representan los sueños, no solo en la organización psíquica inmediata del ser humano, sino en su vida como un todo?
Observando un gran número de personas y estudiando sus sueños (calculaba haber interpretado al menos unos 80.000 sueños), Jung descubrió no solo que los sueños hablan, en grado variado, al respecto de la vida de quien sueña sino que también son parte de una única y grande tela de factores psicológicos. Descubrió también que, en conjunto, parecen obedecer a una determinada configuración o esquema. A este esquema Jung lo llamó "proceso de individuación". Como los sueños producen, cada noche, diferentes escenas e imágenes, las personas poco observadoras no se darán cuentan de cualquier esquema. Pero si estudiamos nuestros propios sueños y su secuencia entera durante algunos años verificaremos que ciertos contenidos emergen, desaparecen y después retornan. Muchas personas sueñan repetidamente con las mismas figuras, paisajes y situaciones; si examinamos la serie total de estos sueños observaremos que sufren modificaciones lentas, pero perceptibles. Y estas modificaciones se pueden acelerar si la actitud consciente del soñador es influenciada por la interpretación apropiada de sus sueños y de sus contenidos simbólicos.
Así, nuestra vida onírica crea un esquema ondulado (en enredos) en que temas y tendencias aparecen, se desvanecen y vuelven a aparecer. Si observamos este trazo ondulado durante un largo periodo vamos a percibir la acción de una especie de tendencia reguladora o direccional oculta, generando un proceso lento e imperceptible de crecimiento psíquico -o proceso de individuación.
Surge, gradualmente, una personalidad más amplia y madura que, poco a poco, se vuelve más efectiva y perceptible hasta para otras personas. El hecho de referirnos muchas veces a un "desarrollo interrumpido" muestra nuestra creencia en la posibilidad que todo individuo tiene de desarrollar tal proceso de crecimiento y maduración. Como este crecimiento psíquico no puede ser efectuado por esfuerzo o voluntad concientes, y sí por un fenómeno involuntario y natural, él es frecuentemente simbolizado en los sueños por un árbol, cuyo desarrollo lento, pujante e involuntario cumple un esquema bien definido.
El centro organizador de donde emana esta acción reguladora parece ser una especie de "núcleo atómico" de nuestro sistema psíquico. Podría ser denominado también inventor, organizador o fuente de las imágenes oníricas. Jung llamó a este centro el self y lo describió como la totalidad absoluta de la psique, para diferenciarlo del ego, que constituye apenas una parte pequeña de la psique.
A través de los tiempos, los hombres, por intuición, estuvieron siempre concientes de este centro. Los griegos lo llamaban daimon, el interior del hombre; en Egipto estaba expresado en el concepto de alma-Ba; y los romanos lo adoraban como el "genio" innato en cada individuo. En sociedades más primitivas lo imaginaban muchas veces como un espíritu protector, encarnado en un animal o fetiche.
Este centro interior es concebido de una forma excepcionalmente pura por los indios Naskapi, que todavía habitan la selva de la península del Labrador. Son cazadores simples que viven en grupos familiares aislados, tan separados unos de otros que no consiguieron desarrollar costumbres tribales ni creencias y ceremonias religiosas colectivas. A lo largo de su vida solitaria, el cazador Naskapi tiene que contar, apenas, con sus voces interiores y las revelaciones de su inconsciente; no tiene maestros religiosos que le digan en qué creer, ni rituales, fiestas o costumbres que le sirvan de apoyo. En su universo elementar su alma es apenas un "compañero interior", al que llama "mi amigo" o Mista'peo, significando "Gran Hombre". Mista'peo habita el corazón del hombre y es un ser inmortal. En el momento de la muerte, o poco antes, deja al individuo para, más tarde, reencarnar en otro.
Los Naskapi que prestan atención a sus sueños, intentan descubrirles el significado y verificar su verdad, pueden estrechar su relación con el Gran Hombre. Él los auxilia y les manda más y mejores sueños. Así, la principal obligación de un Naskapi es obedecer las instrucciones que le son transmitidas a través de los sueños y dar a sus contenidos una forma permanente en las artes. Mentiras y deshonestidades alejan al Gran Hombre del reino interior del individuo, mientras la generosidad y el amor al prójimo y a los animales lo atraen y le dan vida. Los sueños les ofrecen a los Naskapi todas las posibilidades para encontrar el buen camino, no sólo en su mundo interior sino también en el mundo exterior de la naturaleza. Lo ayudan a prever el tiempo y le dan consejos inestimables de caza, de la cual depende toda su vida. Menciono estos pueblos muy primitivos porque todavía no fueron contaminados por nuestras ideas civilizadas y todavía guardan la intuición natural de la esencia del self.
El self puede ser definido como un factor de orientación íntima, diferente de la personalidad consciente, y que solo puede ser aprehendido a través de la investigación de los sueños de cada uno. Y estos sueños lo muestran como un centro regulador, centro que provoca un constante desarrollo y maduración de la personalidad. Pero este aspecto más rico y más total de la psique aparece, en principio, apenas como una posibilidad innata. Puede emerger de manera insuficiente o desarrollarse de modo casi completo a lo largo de nuestra existencia; cuánto va a evolucionar depende del deseo del ego de oír o no sus mensajes. Así como el Naskapi percibe que la persona receptiva a las sugerencias del Gran Hombre tiene sueños mejores y más útiles, nuestro Gran Hombre innato se vuelve más real para los que lo oyen que para los que lo desprecian. Oyéndolo nos volvemos seres humanos más completos.
Todo sucede como si el ego no hubiera sido producido por la naturaleza para seguir ilimitadamente sus propios impulsos arbitrarios, y sí para ayudar a realizar, verdaderamente, la totalidad de la psique. Es el ego que ilumina el sistema entero, permitiendo que gane conciencia y, por lo tanto, que se realice. Si, por ejemplo, poseo algún don artístico del que mi ego no está consciente, este talento no se desarrolla y es como si fuera inexistente. Sólo puedo traerlo a la realidad si mi ego lo nota. La totalidad innata, más escondida, de la psique, no es la misma cosa que un totalidad plenamente realizada y vivida".
Pero en el desarrollo de la teoría de Jung surge otra cuestión: ¿cuál es el propósito de la vida onírica del individuo en su totalidad? ¿Qué papel representan los sueños, no solo en la organización psíquica inmediata del ser humano, sino en su vida como un todo?
Observando un gran número de personas y estudiando sus sueños (calculaba haber interpretado al menos unos 80.000 sueños), Jung descubrió no solo que los sueños hablan, en grado variado, al respecto de la vida de quien sueña sino que también son parte de una única y grande tela de factores psicológicos. Descubrió también que, en conjunto, parecen obedecer a una determinada configuración o esquema. A este esquema Jung lo llamó "proceso de individuación". Como los sueños producen, cada noche, diferentes escenas e imágenes, las personas poco observadoras no se darán cuentan de cualquier esquema. Pero si estudiamos nuestros propios sueños y su secuencia entera durante algunos años verificaremos que ciertos contenidos emergen, desaparecen y después retornan. Muchas personas sueñan repetidamente con las mismas figuras, paisajes y situaciones; si examinamos la serie total de estos sueños observaremos que sufren modificaciones lentas, pero perceptibles. Y estas modificaciones se pueden acelerar si la actitud consciente del soñador es influenciada por la interpretación apropiada de sus sueños y de sus contenidos simbólicos.
Así, nuestra vida onírica crea un esquema ondulado (en enredos) en que temas y tendencias aparecen, se desvanecen y vuelven a aparecer. Si observamos este trazo ondulado durante un largo periodo vamos a percibir la acción de una especie de tendencia reguladora o direccional oculta, generando un proceso lento e imperceptible de crecimiento psíquico -o proceso de individuación.
Surge, gradualmente, una personalidad más amplia y madura que, poco a poco, se vuelve más efectiva y perceptible hasta para otras personas. El hecho de referirnos muchas veces a un "desarrollo interrumpido" muestra nuestra creencia en la posibilidad que todo individuo tiene de desarrollar tal proceso de crecimiento y maduración. Como este crecimiento psíquico no puede ser efectuado por esfuerzo o voluntad concientes, y sí por un fenómeno involuntario y natural, él es frecuentemente simbolizado en los sueños por un árbol, cuyo desarrollo lento, pujante e involuntario cumple un esquema bien definido.
El centro organizador de donde emana esta acción reguladora parece ser una especie de "núcleo atómico" de nuestro sistema psíquico. Podría ser denominado también inventor, organizador o fuente de las imágenes oníricas. Jung llamó a este centro el self y lo describió como la totalidad absoluta de la psique, para diferenciarlo del ego, que constituye apenas una parte pequeña de la psique.
A través de los tiempos, los hombres, por intuición, estuvieron siempre concientes de este centro. Los griegos lo llamaban daimon, el interior del hombre; en Egipto estaba expresado en el concepto de alma-Ba; y los romanos lo adoraban como el "genio" innato en cada individuo. En sociedades más primitivas lo imaginaban muchas veces como un espíritu protector, encarnado en un animal o fetiche.
Este centro interior es concebido de una forma excepcionalmente pura por los indios Naskapi, que todavía habitan la selva de la península del Labrador. Son cazadores simples que viven en grupos familiares aislados, tan separados unos de otros que no consiguieron desarrollar costumbres tribales ni creencias y ceremonias religiosas colectivas. A lo largo de su vida solitaria, el cazador Naskapi tiene que contar, apenas, con sus voces interiores y las revelaciones de su inconsciente; no tiene maestros religiosos que le digan en qué creer, ni rituales, fiestas o costumbres que le sirvan de apoyo. En su universo elementar su alma es apenas un "compañero interior", al que llama "mi amigo" o Mista'peo, significando "Gran Hombre". Mista'peo habita el corazón del hombre y es un ser inmortal. En el momento de la muerte, o poco antes, deja al individuo para, más tarde, reencarnar en otro.
Los Naskapi que prestan atención a sus sueños, intentan descubrirles el significado y verificar su verdad, pueden estrechar su relación con el Gran Hombre. Él los auxilia y les manda más y mejores sueños. Así, la principal obligación de un Naskapi es obedecer las instrucciones que le son transmitidas a través de los sueños y dar a sus contenidos una forma permanente en las artes. Mentiras y deshonestidades alejan al Gran Hombre del reino interior del individuo, mientras la generosidad y el amor al prójimo y a los animales lo atraen y le dan vida. Los sueños les ofrecen a los Naskapi todas las posibilidades para encontrar el buen camino, no sólo en su mundo interior sino también en el mundo exterior de la naturaleza. Lo ayudan a prever el tiempo y le dan consejos inestimables de caza, de la cual depende toda su vida. Menciono estos pueblos muy primitivos porque todavía no fueron contaminados por nuestras ideas civilizadas y todavía guardan la intuición natural de la esencia del self.
El self puede ser definido como un factor de orientación íntima, diferente de la personalidad consciente, y que solo puede ser aprehendido a través de la investigación de los sueños de cada uno. Y estos sueños lo muestran como un centro regulador, centro que provoca un constante desarrollo y maduración de la personalidad. Pero este aspecto más rico y más total de la psique aparece, en principio, apenas como una posibilidad innata. Puede emerger de manera insuficiente o desarrollarse de modo casi completo a lo largo de nuestra existencia; cuánto va a evolucionar depende del deseo del ego de oír o no sus mensajes. Así como el Naskapi percibe que la persona receptiva a las sugerencias del Gran Hombre tiene sueños mejores y más útiles, nuestro Gran Hombre innato se vuelve más real para los que lo oyen que para los que lo desprecian. Oyéndolo nos volvemos seres humanos más completos.
Todo sucede como si el ego no hubiera sido producido por la naturaleza para seguir ilimitadamente sus propios impulsos arbitrarios, y sí para ayudar a realizar, verdaderamente, la totalidad de la psique. Es el ego que ilumina el sistema entero, permitiendo que gane conciencia y, por lo tanto, que se realice. Si, por ejemplo, poseo algún don artístico del que mi ego no está consciente, este talento no se desarrolla y es como si fuera inexistente. Sólo puedo traerlo a la realidad si mi ego lo nota. La totalidad innata, más escondida, de la psique, no es la misma cosa que un totalidad plenamente realizada y vivida".
Fragmento de "El hombre y sus símbolos", de Carl Gustav Jung

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