Cinismo nueva era

Cerca de mi casa hay una plaza llamada Praça do Coco. En la plaza del coco venden coco, naturalmente, y también otras "bebidas naturales" y distintos pasabocas. A mí me gusta el pastel de queso y el jugo verde. El sábado antepasado estaba yendo a la plaza a comerme un pastel de queso con jugo verde y me encontré con la "Feira Hippie". Se me había olvidado que todos los sábados, en la alameda que lleva a la plaza, hay un mercado de las pulgas. Me llamó la atención un joven que trabaja la guadua. Tiene todo tipo de juguetes, armarios, utensilios de cocina y objetos decorativos. Me mostró algunas cosas y le pedí el precio de una fuentecita de agua. Aquí me toca parar. Creí que me gustaban las fuentecitas de agua. Las fuentes grandes y medianas también. Esas todavía me gustan. Pero siempre me gustaron, viéndolas de paso, las fuentecitas decorativas. Por el sonido, sí. Porque me gusta mucho el agua y tener una fuentecita con piedras me parecía  rico. Las que siempre he visto aquí son de piedra, pesadas y feas. Me gustó la fuentecita de guadua. En realidad de guadua solo es el tubo por el que sale el agua. El resto es de cerámica y la bomba será de plástico, no sé. La fuentecita también traía un cristal y piedras de río. Yo le pregunté el precio y él, en vez de decirme el precio, me empezó a enumerar las bondades de tener una fuentecita. Pero era ese tipo de persona, como yo, que no sabe hablar. Entonces hizo un gesto con la mano, indicando que el sonido del agua era bueno para el estado emocional de la persona. Le entendí. Volví a preguntar el precio. Insitió en el gesto con la mano y añadió que somos hechos de agua. "Si no tuviera razones para querer la fuentecita no estaría preguntando el precio", pensé e insistí. Finalmente lo dijo: 53. Y me miró expectante. Yo no tenía la menor intención de pedir rebaja. Yo quería la fuentecita y punto. No dije nada, seguí mirando la fuentecita. Ahí él tuvo la genial idea de decirme esto: cinco más tres da ocho, ocho es el número del infinito. Ahí salí de la hipnosis producida por la fuentecita y entre risas le dije que a todos los números les podía encontrar un misterio, entonces así como podía ser el ocho podía ser el uno, o el tres. Quedó un poco desconcertado y después se sintió obligado a reírse. Pasada la risa incómoda le dije que todo bien, que 53.

Este sábado fui a recoger la fuentecita. Era por encargo la cosa. "Eran 35, ¿cierto?", le dije en chiste. Se rió pero no le pareció gracioso. Le pagué, me explicó cómo cuidar la fuentecita y me fui. Llegué con varios paquetes a la casa, los dejé tirados en el suelo y lo primero que hice fue armar la fuentecita. Acomodé las piedras de modo que las coloridas quedaran visibles, puse el cristal apuntando al oriente (por casualidad) y la llené de agua. Regulé la bombita y listo. Funcionaba perfecto la fuentecita. Acomodé las cosas que había traído en la nevera y me senté a seguir escribiendo en el computador. Primer problema: el sonidito de la fuentecita, lejos de relajarme, tenía el mismo efecto de una mosca zumbando en mi oído. Dificultaba la concentración. Segundo problema: dos minutos después de tener la fuentecita prendida yo ya estaba con ganas de orinar. Me acordé de mi abuela, cuando estaba muy enferma, que la empleada la sentaba en el inodoro y le abría la llave del lavamanos, para que viera el agua correr y le dieran ganas de orinar. Funcionaba. Fui al baño, oriné y volví a sentarme. Dos minutos después seguía irritada con el sonido y tenía ganas de orinar otra vez. Me paré y desconecté la fuentecita. Ahí está mirándome, inútil e inerte.

Otro detalle de cinismo nueva era:

Ahorita entré a Facebook y vi un nuevo anuncio de mi profesora de Reiki, que también es terapeuta floral. Todos los días pone un cartel explicando los beneficios de una esencia floral. Ayer era Rescue para la gente que le tiene miedo a montar en avión. La de hoy me pareció un bella muestra de desvergüenza nueva era: un floral para combatir la pereza. No hay mucho que añadir.

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No es para ofender a nadie, aunque sé que también es cínico decirlo. Admiro mucho al señor Bach, en serio, y a todos los terapeutas alternativos y artesanos buenos. Mucho es mucho. Pero el cinismo nueva era merece ser denunciado. Yo puedo tener un leve retraso mental, pero no es para tanto.

Comentarios

  1. Si hay algo que me dé rabia es que uno pregunte el precio de algo y le respondan con los beneficios de la cosa por la que uno está preguntando. Es signo de estafada fija, pura estrategia Herbalife.

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