Simplicidad masculina
Vuelvo al tema de esta entrada porque hace poco le oí a un hombre el típico comentario irrespetuoso y ciego (no pensé que de verdad la gente repitiera esto hablando en serio): que el feminismo es un movimiento de lesbianas frustradas y cosas por ahí. Le comenté a esta persona (típico ser que machaca a las mujeres para que no brillen) esa conclusión a la que algunos hemos llegado: que el feminismo también se trata de la liberación masculina. Terminé exaltada diciendo que el verdadero reto es la liberación de la mente y emociones humanas de las garras del fanatismo (me gustaría entender bien qué es el fanatismo, pero no he podido ni empezar con el feminismo) y que este es un movimiento de la humanidad (al decir humanidad hice una pausa dramática que fue seguida de aplausos de las otras dos mujeres presentes). Me sentí un poco ridícula al final, por tanto entusiasmo (el entusiasmo cotiza a la baja en mis prejuicios actuales), y decidí dejar la discusión, entre otras porque no sé nada de feminismo y eso me avergüenza. Decir que no sé nada de feminismo no es riguroso, sé lo que me dictan mi cerebro, mis emociones, mi capacidad de observación y mi sentido común. Pero no sé nada del "movimiento feminista". Sin embargo, no saber nada sobre ese movimiento no me impide intuir que reducirlo a un puñado de mujeres frustradas "por falta de macho" es como mínimo insultante y delata, entre muchas otras cosas, esta obviedad no tan obvia: que la educación formal, clase social o títulos de un ser humano no tienen relación necesaria con su idoneidad para desempeñar funciones cruciales en la sociedad, como educar o representar otros seres humanos.
Volviendo a la liberación masculina, llevo un buen tiempo pensando si la siguiente frase, por muchos dicha, repetida y aceptada, es cierta y si no se trata, más bien, de una forma de censura y violencia contra los hombres: Los hombres son muy simples y las mujeres muy complicadas. Ayer la oí en un restaurante. Una mujer hablaba con desdén de sus compañeras de trabajo porque son muy conflictivas y habladoras. Es mucho mejor trabajar con hombres, ellos son muy simples y van a lo que van, no se ponen con maricadas. La expositora declaraba su superioridad moral frente a sus compañeras de trabajo explicando que ella solo hablaba pendejadas cuando iba a comerse una manzana a la cocina y pare de contar. Es decir, ella es más como un hombre, simple, sencilla y parca. Oyéndola recordé el último trabajo de oficina que tuve, donde vi varias escenas de intriga corporativa, traición y chismorreo lideradas por hombres. También renové mi rechazo a esa tendencia de la "mujer liberada y pensante" a construir su propia identidad sobre el desprecio a las otras mujeres: las que usan rosado, las que quieren ser amas de casa, las que leen el horóscopo, las que hablan sin parar. "Yo me llevo mucho mejor con hombres", es una frase que yo misma he dicho varias veces, con un dejo de superioridad moral frente esa otra porción mujeril de seres humanos.
Por eso me alegró encontrar este texto y su continuación: una colección de fragmentos donde escritores plasman la visión que sus personajes tienen del amor y las relaciones humanas.
Separo los que más me gustaron:
"—Tú no lo entiendes. No sabes lo vacía que te sientes cuando eres incapaz de crear nada. / —Yo no creo que lo seas. Tengo la impresión de que puedes crear muchas cosas. / —¿Qué tipo de cosas? /—Cosas que no tienen forma —dije. Y me miré las manos, apoyadas en las rodillas. / Ella (Shimamoto) me dedicó una larga mirada mientras sostenía inmóvil su copa. /—¿Te refieres a sentimientos? /—Claro —dije—. Todo desaparece un día u otro (…). A poco que cambien los gustos de la gente, a la mínima fluctuación económica, todo se irá al garete(…) Todo lo que tiene forma desaparece antes o después. Sin embargo, hay un tipo de sentimientos que permanece para siempre".
De Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami (Kioto, 1949).
"Kikí era una joven caprichosa y liviana de la que estuve perdidamente enamorado hasta ese día de la Tour Eiffel, en el que empecé por suerte a disponer de unas primeras noticias sobre la existencia de la ironía, que es una actividad que yo creo que a veces desarrolla una prudencia egoísta que por fortuna nos inmuniza contra la exaltación sentimental. Gracias a la ironía –que nos permite eludir las desilusiones por la sencilla razón de que niega a ilusionarse– ya no me ilusiono hoy en día con ninguna Kikí".
De París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948).
"Y quizá el amor no sea más que eso:/ una mujer y un hombre que se huelen, se tocan, se/ lamen en una estación vacía;/y resplandecen unos instantes y se pierden para siempre en la noche sin nombre".
'Variaciones sobre un poema de Oscar Hahn: en una estación de metro o el amor en una estación vacía', en Series del poeta chileno Andrés Fisher (Washington, EE.UU., 1963).
Y dejo mi aporte:
"Si Alicia me buscaba, era obedeciendo al amor, y vendría a
reconquistarme, a hacerme suyo para siempre, entre azorada y puntillosa. Con
agravado acento, con tono de reconvención, me reprocharía mis faltas; y para
hacérmelas mayores, se ayudaría de aquel gesto inolvidable y habitual con que
sellaba su boca, contrayendo los labios para llenar de gracia los hoyuelos de
las mejillas. Y queriendo perdonar, me repetiría que era imposible el perdón,
aunque la enmienda superara al propósito y a la súplica.
Por mi
parte, pondría también en juego mi habilidad para retardarle el instante del
beso gemebundo y conciliador. Desde la orilla del caño le alargaría la mano
ceremoniosa para que saliera de la curiara, cuidando de que advirtiera el
cabestrillo de mi brazo enfermo, y negándome después a la urgencia de sus
preguntas:
—¿Estás
herido? ¿Estás herido?
—No es nada
grave, señora.
—¡Me apena
tu palidez!
Lo mismo
haría al acercármele a su caballo, si venían por tierra. Pensé exhibírmele cual
no me vio entonces: con cierto descuido en el traje, los cabellos revueltos, el
rostro ensombrecido de barba, aparentando el porte de un macho almizcloso y
trabajador. Aunque Mauco solía desollarme la cara con su navaja de tajar
correas, tomé la resolución de no ocuparlo aquel día, para distinguirme de mi
rival".
De La vorágine, de José Eustasio Rivera (Bogotá, 1924).

Una vez leí que fanatismo es redoblar el esfuerzo una vez que se ha olvidado el propósito.
ResponderEliminarA mí me da vaina declararme feminista y tener como "posturas" en ese sentido porque todo suena tan radical. En estos días vi un video de Malena Pichot diciendo que tanto hombres como mujeres tenemos "mandatos". Creo que a lo que ella le decía "mandatos" es como a esas cosas que manda la cultura pero que no tienen mucho sentido "que los hombres no lloran", "que las mujeres se tienen que afeitar por todas partes" y ella decía que ella se afeitaba y que por lo tanto era machista, o que mejor dicho, estaba inscrita en la cultura y su rebelión era menor. Pero que era feminista, eso sí. Yo estoy de acuerdo contigo, es esta humanidad buscándose a ver cómo puede hacer para vivir y respetarse un poquito más y eso es todo... ¿o qué? Me encantó esa reflexión y el entusiasmo así cotice a la baja.
Voy a dejar este otro mensaje porque en el primero se me olvidó chuliar el cosito de avisarme.
ResponderEliminarNo, a mí no me da vaina. Y eso que con "feminista" el otro puede estar entendiendo cualquier cosa. Pero no me importa, quiero darle valor y afirmarlo, así yo siga ciertos mandatos culturales. Creo que es un error pensar que ciertos códigos o costumbres que vienen del pasado deben ser rechazados para que la mujer tenga igualdad ante los hombres. Pienso en cocinar, en el papel de cariño y cuidado que la mujer ha tenido. Las cosas se pueden reinterpretar, no hay necesidad de rechazarlas de tajo para ser rebelde. Creo más bien que se trata de no querer implantar cárceles mentales y de comportamiento, ceder el propio cerebro a un sistema o institución que ya pensó por uno (eso es para mí el fanatismo).
ResponderEliminarQué bueno que me charles aquí.
ResponderEliminar: ) A mí también me parece muy bueno que nos conversemos en los blogs. Estoy de acuerdo, lo que pasa es que uno se proclama feminista y tiene que dar un montón de explicaciones para que no suene a que es un fanático... Pero estoy de acuerdo, eso también tendría que cambiar.
ResponderEliminarEn una cita con el psiquiatra él me dijo que nuestra generación es hija de revolución más grande de la historia. La primera revolución pseudo pacífica que enfrentó a la mitad de la humanidad con la otra mitad. Él afirma que todos los axiomas morales sobre libertad e inclusión que nos rigen hoy en día son fruto de ese movimiento. La verdad le creí, pero al tiempo que me iba convenciendo de esa verdad me fui dando cuenta de que el problema de lo que yo entiendo como feminismo es un problema de forma y tiempo. Como el comunismo, el feminismo recalcitrante se quedó en un discurso que como reacción debía ser igual de fuerte y axiomático al discurso al que se oponía. Me parece que pasa lo mismo, o algo muy similar con todos los discursos reivindicativos de grupos minoritarios o vulnerables. Se necesita fuerza y dirección para romper paradigmas pero una vez rotos se necesita sensatez para construir unos nuevos. Un poco por prejuicio yo asocio la sensatez con la calma y el diálogo, y el diálogo axiomático no sirve. Me gusta la idea de una liberación general porque se acerca mucho más a la utopía medio anárquica de humanidad que tengo. Utopía en la que no caben las normas del lenguaje o comportamiento porque sería el sentido común lo que rija las acciones. "Jodé lo menos posible" sería el único axioma.
ResponderEliminarCreo que ya sabes lo que pienso del feminismo pero como te borraste de tuiter, me sirve la excusa para saludarte.
ResponderEliminaren resumen:
-Prefiero reivindicar la feminidad que el feminismo.
-No creo en la igualdad porque salta a la vista que somos diferentes. En cambio creo que la lucha debería ser por la EQUIDAD.
Por eso pienso que las feministas libraron la guerra equivocada, reduciendo el feminismo a la capacidad de la mujer de hacer las mismas cosas que los hombres. Ahí fue donde se acabó de joder la causa. Y la feminidad.
Gracias por el saludo, Mónica, a mí me hace falta Twitter, pero prefiero hablar acá.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con lo que decís de que es un error pensar que liberación femenina es que las mujeres hagan las mismas cosas que los hombres. Pero pienso que esa es una de las posibilidades, una de tantas que cada mujer puede escoger si eso es lo que quiere. ¿Qué es la feminidad para vos? Eso también tiene uno la libertad de decidirlo dentro de ese camino que Daniel señala: el de la sensatez a la hora de construir nuevos significados de mujer y hombre en el mundo en el que vivimos, para no quedarnos en el resultado de la fuerza inicial. Es como cuando uno es adolescente y quiere rebelarse contra las reglas y represiones de la sociedad y busca hacer exactamente eso que le prohíben, después de un rato uno decide si eso es lo que realmente quiere o no, los resultados son muchos y variados, afortunadamente. Es solo un ejemplo de ese mecanismo del que habla Daniel, no estoy diciendo que las mujeres seamos adolescentes y los hombres adultos, simplemente que ahora tenemos más libertad para decidir (algunas).
No sé si antes tenían las mujeres tanto espacio para eso. Aun hoy en día, cuando una mujer decide no tener hijos, muchas veces es juzgada y vista como disfuncional, egoísta, frustrada y mil cosas más. ¿Y si eso simplemente no la realiza como ser humano? Creo que antes decidir una cosa así, entre muchas otras, era muchísimo más difícil. Por eso el feminismo no me parece un error, antes lo agradezco y quiero conocerlo mejor (tal vez la palabra no es mi favorita, pero qué hacemos si es esa la que se ha usado hasta ahora).
Y por igualdad se entiende igualdad ante la ley, al menos así lo veo yo. Es claro que somos diferentes y que hay cosas específicas de la mujer, que yo sí creo que es muy bacano conocer, cultivar y apreciar. Pero eso se me antoja a mí, habrá mujeres a las que les interesa más su lado masculino o simplemente no pensar en esos términos, y gracias a los cambios de los últimos tiempos puede escoger hacerlo.
Yo entiendo tu punto: ahora tenemos una exigencia social adicional, la del trabajo y el éxito profesional (además de los hijos). Pero también conozco una cantidad de gente que está pensando en eso, mujeres que deciden que quieren es estar en la casa cuidando a sus hijos y hombres que no las ven como unas atenidas, sino que las apoyan. Hombres que deciden cuidar la casa, mientras sus mujeres salen a traer la plata, o parejas que se turnan. Creo que precisamente lo que hemos estado ganando es esa libertad para elegir. Pero todavía hay muchas barreras, sobre todo mentales y emocionales.
Gracias por tu saludo y tu respuesta. Me alegra mucho.
EliminarTienes toda la razón en darle el reconocimiento que se merece el movimiento feminista. Particularmente la pioneras en Europa que tuvieron literalmente que hacerse matar para ganar espacio. No pienso (aunque así parece en mi texto) que hicieron todo mal, sino que se equivocaron en ese punto esencial que es reivindicar el trabajo doméstico. En cambio tiraron la puerta y salieron 'a trabajar', dejando los hijos al garete, con la llave en el cuello.Yo hablo más desde mi visión de los europeos con los que he convivido toda mi vida adulta y te puedo asegurar que el machismo europeo es mucho más duro que el nuestro. Incluso pienso que en latinoamérica es cierta esa frase 'en la casa manda la señora'. Nuestra sociedad es matriarcal en el sentido que 'La Madre' es sagrada. Por eso nuestros insultos más graves van contra ella, mientras los de los europeos son contra el poder —de la iglesia, de la realeza (me cago en la virgen, me cago en la reina…)—. O tal vez la nostalgia me haga ver todo más bonito, no sé.
Feminidad es todo eso que nos hace diferentes de los hombres. En nuestro cuerpo, nuestro intelecto, nuestros instintos, nuestras necesidades, sensibilidad, aspiraciones… No que unos tengan y otros no, sino que somos diferentes. Es en la diferencia que podemos valorarnos, las unas y los otros. Buscando homologarnos hemos creado mucha frustración y mucha confusión. Sobre todo en los hombres que ya no saben cual es su valor y su importancia. Pero la pelea de la feminidad no es con los hombres sino con nosotras mismas; creo que eso es lo que no hemos entendido. Un buen ejemplo es el asunto de aborto: si las mujeres tuviéramos claro lo que queremos, no andaríamos peleando con el procurador y ya sería legal en todos los casos que nosotras decidiéramos. Pero no lo tenemos claro o, mejor dicho, la mayoría tiene claro que está en contra. Por eso no es legal pero nosotras le echamos la culpa a los hombres.
Lógicamente el término 'igualdad' debería entenderse como tú lo dices. Pero te doy un ejemplo resiente de lo que entienden aquí: en una reunión necesitaba abrir un frasco muy apretado. Después del primer intento dije 'necesito un hombre' levantando el brazo. Fue mi amiga la que lo cogió, forzó y lo abrió. —¿Ves que no necesitamos un hombre? me dijo. Y así son en general las relaciones aquí: el feminismo es una pelea y competencia permanente con los hombres. Por supuesto, también hay parejas como las que describes al final y quiero pensar que es la tendencia.
También es cierto que con preparación y esfuerzo una mujer puede desarrollar la fuerza de un hombre, por ejemplo. Si ella lo hace por su gusto, perfecto. Pero no sé si es la mayoría o la excepción. Es que nuestro espacio no lo conquistamos quitándoselo a los hombres sino ocupando NUESTRO espacio.
Y ahí voy. Espero que no sea muy confusa toda esta carreta. Aquí te dejo un abrazo aunque no sé si aquí se hace. Todavía no conozco la etiqueta del blog ;)
La etiqueta del blog es que yo me demoro en responder a veces, o sea, el capricho de la dueña del blog y el capricho de la que le charla. No hay etiqueta.
ResponderEliminarMuchas gracias por el abrazo y por ampliar tu opinión, me pareció mucho más clara e interesante. Sobre todo eso de que el asunto de no aniquilar la feminidad, o no dejar que se enferme (porque literalmente se enferma), es un asunto de la mujer consigo misma y no una lucha contra los hombres.
Una cosa que ya me habías dicho y que no he entendido del todo es eso de que en Europa el machismo es peor. ¿En qué se ve eso? Entiendo lo que decís del lugar de dominio que tiene la mamá en nuestras familias, pero no sé bien cómo son esos papeles allá.
bacano poder seguir en contacto contigo. amo mi máquina.
EliminarVoy a tratar de explicar lo del machismo europeo comparado con el latino.
Un buen ejemplo es el asunto del voto femenino y la participación en política.
En Europa el movimiento de 'las sufraguetas' por el voto duró varias décadas y hubiera durado otras cuantas si una de ellas no se hace matar lanzándose al caballo de rey en el derby de Inglaterra (¡la noticia fue que mató al caballo del rey!). Aún así todavía se demoraron algunos años y concedieron el voto sólo a las mayores de 30. Pasaron varios lustros antes de que bajaran a 21 años. Esta misma señora había estudiado en la universidad graduándose con todos los méritos pero no le dieron diploma porque estaba reservado para los hombres. Lo mismo en los clubes, las tabernas, etc. estaba prohibida la entrada a los perros y las mujeres. Por supuesto esas prohibiciones ya no existen pero el menosprecio de los hombres por las mujeres está vivito. Es un desprecio sordo, cotidiano, perenne, teñido de una condescendencia insoportable. El resentimiento de las mujeres también está vivo y creo que de ahí viene esa competencia con el hombre pero el problema es que libran sus batallas en el campo masculino. Fíjate que la única primer ministro que han tenido gobernó como un hombre más hombre que todos los hombres que han gobernado. La dama de hierro es un hombre.
Todas esas prohibiciones —y otras taras— las heredamos con las constituciones importadas en la colonia pero han ido levantándose en la medida en que nosotras, mujeres latinas, hemos decidido que así sea. Bastó pedir el derecho al sufragio para que se aprobara en un solo intento. La prohibición de estudiar nunca ha existido y la de administrar sus bienes fue tan veloz como las otras. Es que cada congresista tiene una señora en la casa y una mamá que son lo que más quieren y a lo que más le temen. Es decir que las mujeres hemos ganado nuestro espacio simplemente ocupándolo. Mira que no hay muchas mujeres en la política pero es porque no nos da la gana. Entonces las feministas le reclaman a los hombres que cómo así y exigen cuotas obligatorias en las listas de votación y los cargos públicos. El problema después es encontrar mujeres interesadas en llenar la cuota. Como no hay muchas, terminan rellenando eso con lo que se pueda. Y ahí quedamos representadas como un culo.
El machismo europeo es el del poder del hombre sobre la mujer y el desprecio puro y simple. El del latino es el del macho reproductor, protector y proveedor. Bueno, era, porque ahora es un desorden ahí que nadie sabe dónde está parado.