Mis queridas obviedades

Cuando estaba en la universidad me encontré con el libro "Extrañamiento del mundo" de Peter Sloterdijk. No pasé de las primeras dos páginas, no entendía nada o me daba pereza entender. Recuerdo la fascinación que el título me causó, parecida a la que me causaron las letras antes de aprender a leer. Me parecían la cosa más misteriosa y maravillosa del mundo: que de la unión de esos dibujos salieran sonidos y de esos sonidos, palabras con sentido y, de alguna forma, una relación con el mundo. Las palabras son un puente con el mundo, solo que al cabo de un tiempo el puente se deshace, se derrite, y empezamos a nadar en él. Ya no sabemos dónde empieza el puente, dónde el mundo y dónde nosotros. O tal vez nunca supimos. A esa edad veía las palabras como un secreto que un día tendría el derecho de conocer y eso, precisamente, era entrar en el mundo para dejar de ser lo que muchos niños son, antes y después del lenguaje: un ser marginal. Las palabras eran magia, una ciencia oculta como la del hada mala que hechizó a la bella durmiente. ¿Cómo no querer ser el hada? ¿Quién no querría tener poderes?

Estoy tomando unas clases con una profesora de portugués como segunda lengua. Una de las primeras cosas que dijo es que ese oficio implica el extrañamiento ante el propio idioma y la valorización de lo obvio. Nunca lo había pensado así. Si hay algo que un profesor —de idiomas o de lo que sea— debería hacer es darle nuevos sentidos a lo que se hace mecánicamente, es destacar y hacer brillar la vida que se esconde en esa masa aparentemente informe en la que nos movemos a diario, ese puente derretido.

Dicen que no hay fuerza más poderosa que el amor. Yo a veces creo que no hay fuerza más poderosa que la gratitud. ¿Serán lo mismo? Yo los siento en el mismo lugar. Gratitud es la capacidad de ver el mundo, su belleza y su horror como un bloque de hielo en medio del desierto. Se me ocurre que en la conciencia de esa extrañeza fundamental radica la posibilidad de entregarse a él, de vivirlo sin dejarse dominar por el miedo, de darle vida y muerte a la vida. 

Esta canción dice: "el corazón no es tan simple como se piensa... en él cabe hasta mi amor". Y esa es la obviedad de hoy: un simple hasta puede connotar el amor más grande del mundo. 

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