Jericó
Jericó es una película muy bien hecha, que no pierde profundidad por la sencillez y franco retrato de las mujeres de un pueblo pintoresco y religioso de Antioquia. Al contrario, es honda precisamente por eso, porque es un buen retrato que le da un lugar a la sombra. Esa fue la sensación que me dejó: la de una directora que comprendió íntimamente el mundo de esas personas y no necesitó decir mucho, porque sus testimonios, sus rostros, sus casas, sus relaciones y sus dolores ya lo decían todo.
Dice Mario Jursich en Facebook: "Catalina Mesa optó por mostrar únicamente el aspecto estético de la religión, sin explicitar lo que el catolicismo ha supuesto en la vida de las mujeres paisas". Creo que se equivoca, de la misma manera que los críticos de "El abrazo de la serpiente" se equivocaron al decir que la película retrataba un indígena ingenuo, un buen salvaje. El hecho de que Mesa no haga una crítica explícita al catolicismo, su violencia y su brutalidad, no significa que estos aspectos de la religión no estén presentes en la película. De hecho, ella los muestra una y otra vez. Por más que quisiera, no podría evadirlos, como no podría ni debería evadir el hecho de que constituyan el espíritu de estas mujeres, de que signifiquen tanto su condena como su salvación. Me atrevo a pensar que la directora era perfectamente consciente de esto, de la presencia de los aspectos nocivos de la religión en la vida de estas personas, así como del sustento que les proporciona. Entre otras cosas, en eso radica la belleza de la película, en la capacidad que tiene para mostrar las dos caras de la moneda. Ya quisiera cualquiera de nosotros ser capaz de crear algo así.
En ambas películas yo veo personas complejas, que sufren, que pasan muy mal justamente porque su realidad las condena, pero que también se elevan por encima de todo, como pueden, de la forma que pueden. No sé qué película vio Jursich, de verdad. No sé en qué momento se le escapó la frustración e impotencia que el machismo, el racismo y la violencia imprimen en las vidas de estas mujeres. Yo vi la incesante esperanza de un milagro, la soledad, el peso que cargan todas ellas y la altura, tortura religiosa, amargura, sabiduría, sentido del humor y fortaleza humana (más allá de la religión) con que asumen la vida. Y creo que la directora lo plasmó abiertamente, dejó que el material hablara por sí solo y se sustentara a sí mismo.
Así como en "El abrazo de la serpiente" extrañé la presencia de la mujer, su fuerza reprimida, su sabiduría oculta, en esta película extrañé un atisbo un poco más claro del lugar del hombre en toda esta historia. A través de la voz de las mujeres los hombres son la guerrilla, los hombres traen la leña, los hombres abandonan, los hombres impiden que las mujeres estudien, los hombres se mueren, los hombres se van de curas, los hombres son infieles. A mí me faltó un poco más de carne y tal vez de matiz en ese retrato masculino. Pero creo que incluso eso que resultó del ejercicio documental dice mucho más que lo que cualquier reflexión explícita podría decir.
Tengo un profundo respeto por lo que la directora hizo en esta película y para mí es evidente que lo pintoresco, el lado estético de la religión, las curiosidades, las bellezas naturales y simpáticos aspectos culturales del lugar no son más que un marco, no son presentados como la esencia de la película, aunque en principio den esa sensación. Creo que justamente por eso la película es valiosa, le da al espectador un lugar privilegiado, de lector e intérprete de la imagen y de las historias, que están lejos de ser elecciones estéticas inocentes.

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