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Es la palabra del corazón. El centro del pecho, no necesariamente el corazón físico. Pero el corazón físico también. Ese me gusta, me intriga, me interesa oírlo y sentirlo. Mi primer profesor de Yoga, Enrique, decía que era posible oírse el corazón y a mí me parecía imposible. Ya no me parece, aunque no lo oigo. Lo siento muchísimo más en condiciones calmas, casi al punto de oírlo. Tal vez él se refería a eso, a sentir la vibración. Quién sabe. En todo caso quería escribir sobre el corazón y eso fue lo primero que se me vino a la cabeza.
Cuando dos personas se abrazan de verdad, juntan los corazones.
He notado la diferencia tan grande que hay entre vivir desde el corazón o desde otras partes del cuerpo. Eso es porque he abierto el corazón, literalmente, y eso me ha permitido llevar más la atención a él. Siempre viví mucho en la parte alta o baja del cuerpo. En la cabeza o en los instintos. Si uno presta atención se da cuenta de que vivir en esas dos partes del cuerpo, sin darle la debida atención al centro del pecho, amplifica el sufrimiento. No que prestarle atención al corazón elimine el dolor, no. El dolor siempre ha estado y siempre estará y eso no es ni bueno ni malo.
La vanidad y el orgullo producen mucho sufrimiento. Son sentimientos superficiales, del ego, pero hieren y estorban muchísimo. Atropellan la vida aunque a veces uno ni los note, son sutiles. Son ideas que uno tiene de uno. Uno se pierde en esas ideas, se las apropia, vive en torno de ellas, se fija en ellas. Uno está fijo en la cabeza, uno se cree esas ideas.
La necesidad de ser completado físicamente, nutrido, alimentado, también genera mucho sufrimiento. Es una necesidad de poseer, de no perder, de controlar, de agarrarse y aferrarse. Eso nace en la parte baja del cuerpo. Curiosamente en la parte baja del cuerpo también nace la energía creativa en general, el punto es hacia dónde y cómo la enfoque uno.
A veces se forman remolinos en esos dos extremos. La persona se queda atrapada en uno de ellos, o en los dos. El centro del cuerpo queda en el olvido y sin energía, todo está concentrado arriba o abajo. La persona anda por la vida decidiendo, caminando y sintiendo desde esos extremos. Se llena de razones, de exigencias de la vanidad, del orgullo, de los celos, de la envidia, de los apegos para tomar rumbos, para decidir a qué le debe dedicar la energía, el tiempo, la vida. Y cuando esos rumbos no devuelven lo que el ego exige y reclama, el sufrimiento es grande y es vacío, solo sirve para alimentarse a sí mismo.
He visto que cuando encaro un problema, una carencia, un sentimiento desde el centro del pecho, bajándole el volumen a los pensamientos, a las ideas sobre mí misma, a las necesidades más instintivas, es como si mi visión cambiara. Es como si se abriera un espacio entre mis necesidades y el mundo. Me distancio sin perder el contacto. No miro el mundo como instrumento, no veo qué puedo sacar de él, veo qué me está ofreciendo, lo dejo ser. Y automáticamente me dejo ser, sin juicios ni culpas o inseguridades paralizantes.
Ya me he distanciado perdiendo el contacto con el mundo, es cuando más sumida en esos remolinos he estado y cuando más he sufrido. No es esa distancia, es una distancia que está llena del elemento que me compone y que compone a la naturaleza. Ese elemento es el amor. Por eso el amor de verdad no se realiza en la posesión, se realiza en la contemplación de la realización del otro: del árbol, del río o de la persona.
Escribo esto para seguir comprendiéndolo. Es un ejercicio que uno debe hacer siempre. Físico y espiritual. Ese de abrir el centro del pecho, primero, y de siempre llevar la atención a él. Especialmente en esos momentos cuando gritan las necesidades más bajas y superficiales, o las carencias más íntimas y dolorosas. Eso siempre estará ahí, lo importante es no perder el foco.

1. Curiosamente, en esas épocas en que más he perdido el contacto con el mundo, es en las que el dolor ha sido menos agudo, más mudo, pero el sufrimiento más grande.
ResponderEliminar2. Llevar la atención al centro del pecho no quiere decir olvidar las otras partes. Las otras partes cumplen funciones imprescindibles, pero son guías de otro tipo, herramientas y fuentes de producción, hay que entrenarlas para que cumplan su función sin creerse las dueñas del cuerpo. O sin uno mismo creerse ellas.
Amor
ResponderEliminarHe besado con mis ojos y con mi tacto la adorable superficie de este mundo.
Y, como un velo bordado de árboles y pájaros, lo he plegado sobre mi corazón.
Y tantos pensamientos y sentimientos he vertido en sus días y en sus noches
que mi vida y el mundo se han fundido y son ya una sola sustancia amorosa.
Y amo mi vida porque amo la claridad del cielo que toda está en mí.
Abandonar este mundo es una realidad tan poderosa como amarlo.
Mas si este amor hubiera de ser engañado y burlado por la muerte, el gusano de una
desilusión semejante roería todas las cosas y hasta las estrellas, extinguidas,
se derrumbarían en ceniza.
Y cuando toco el sitio de mi corazón estoy tocando el mundo y el amor inmortales!
Rabindranath Tagore
gracias, Ángela.
ResponderEliminarA vos por la visita, Mónica.
ResponderEliminarUn lector de este blog envió este regalo. Espero que lo disfruten tanto como yo.
ResponderEliminarColour Haze
Stars
Hey man, see the stars so bright
Get along, get along all your life
Oh I go through all this too
But see the world is so beautiful
Allright in the setting sun
No fear, a new morning comes
In sweat we pull all our plough
Seize the pain and let it go
Is there a reason for all our complaints
When there's no difference in all that remains
So lay your heart in all you do
And wake the bliss that hides in you