Coração
En uno de sus poemas, Clarice Lispector ora:
(…)Haz que la soledad no me destruya.
Haz que mi soledad me sirva de compañía.
Haz que yo tenga el coraje de enfrentarme.
Haz que yo sepa quedarme con la nada
y aun así sentirme
como si estuviera plena de todo (…)
Haz que mi soledad me sirva de compañía.
Haz que yo tenga el coraje de enfrentarme.
Haz que yo sepa quedarme con la nada
y aun así sentirme
como si estuviera plena de todo (…)
Su amigo
Fernando Sabino le pregunta en una carta: "¿Qué haces a las tres de la
tarde?". Ella responde: "A las tres de la tarde soy la mujer más
exigente del mundo. Quedo a veces reducida a lo esencial, es decir, solo mi
corazón late. Cuando pasa, vienen las seis de la tarde, también
indescriptibles, en que quedo ciega".
Corazón es lo mismo que coraje.
La palabra
corazón guarda sabiduría. Viene del latín cor,
que significa afecto, cariño, pero también espíritu, inteligencia e, incluso, estómago. De la raíz cor viene también la palabra coraje.
Dicen el
Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y el Dicionário Priberam da
Língua Portuguesa (DPLP) que la
palabra coraje —coragem, en
portugués— viene de courage, en
francés. Y courage, de cœur: corazón. Todos los caminos
conducen al corazón. Los sufijos –age, -agem y –aje, en las tres lenguas,
denotan acción. El
coraje supone una acción del corazón y las tripas. Una acción que viene de ese
centro esencial, ese órgano vacío y sabio que está oculto bajo muchas capas. El
coraje por el que Lispector ruega es precisamente el de reconocer la plenitud
de ese vacío esencial y ser capaz de abrazarla. También en inglés existe la
palabra core, de origen desconocido
según los diccionarios Oxford y Merriam-Webster: una parte central y a veces
fundacional, diferente por naturaleza de la parte envolvente. La parte dura y
central de algunas frutas, que contiene las semillas. Las semillas son acción en
potencia. La palabra corazón también es acción en potencia: acción a partir de
una esencia. Según el DRAE, el sufijo –azón
forma sustantivos que significan acción y efecto, a veces con cierto valor
intensivo. En el coração portugués esto
es más claro, porque ação significa
literalmente “acción”.
¿El corazón
guarda sabiduría? Así lo sugieren, además del diccionario, muchas tradiciones filosóficas
antiguas y algunos pensadores anteriores a la Ilustración, que veían en la
intuición una forma de conocimiento tan válida como la racional. El
origen latino de la palabra −espíritu, inteligencia− trae este aspecto del
corazón a cuento, pero también las definiciones portuguesas exploran su
contenido oculto. Tal vez una de las definiciones más bellas que he visto de
esta palabra es del DPLP: voz secreta. También
recoge esta acepción: consciencia o
memoria.
El DRAE es
menos explícito, pero las palabras “recordar” y “acordar” traen al corazón
consigo:
“acordar.
(Del lat. *accordāre, de cor, cordis, corazón).
5. tr. Traer algo a la memoria de otra persona.
9. tr. ant. Hacer a alguien volver a su juicio.
13. intr. ant. despertar (|| del sueño). U. en Salamanca”.
(Del lat. *accordāre, de cor, cordis, corazón).
5. tr. Traer algo a la memoria de otra persona.
9. tr. ant. Hacer a alguien volver a su juicio.
13. intr. ant. despertar (|| del sueño). U. en Salamanca”.
Hoy en día
el portugués conserva este sentido antiguo de la palabra: saber algo de cor es saberlo de memoria, saberlo de
corazón. Acordar, por su parte,
significa “despertar” en portugués. En español también existe el camino de
vuelta entre estas dos palabras, porque la palabra despertar también significa
acordarse, recordar:
“despertar
2. tr. Renovar
o traer a la memoria algo ya olvidado”.
Mientras niegue el corazón y su sabiduría olvidada, estaré dormida,
a merced de una razón tirana y limitante, de juicio feroz, que reconoce apenas
un aspecto de la naturaleza, de mi propia naturaleza abismal, vacía y al mismo
tiempo llena de sangre, vida pura. Así lo vio Lispector: estamos siempre
huyéndole a la soledad que podría despertar esa voz secreta, esa consciencia
que tal vez oculta memorias remotas, antepasados que susurran, que se cuelan
por el cuerpo, las manías, las culpas, las angustias y las inclinaciones
inexplicables del ánimo. Tiene razón en pedir coraje, es difícil entregarse al
silencio y la quietud, esa que Pascal declaró remedio en este pensamiento:


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